jueves, 29 de marzo de 2012

Y para reflexionar...

¡LUCHA HASTA 


VENCER!


En la pequeña escuelita rural había una vieja estufa de carbón muy anticuada. Un chiquito tenía asignada la tarea de llegar al colegio temprano todos los días para encender el fuego y calentar el aula antes de que llegaran su maestra y sus compañeros.

Una mañana, llegaron y encontraron la escuela envuelta en llamas. Sacaron al niño inconsciente más muerto que vivo del edificio. Tenía quemaduras graves en la mitad inferior de su cuerpo y lo llevaron de urgencia al hospital del condado. 

En su cama, horriblemente quemado y semi-inconsciente, el niño oía al médico que hablaba con su madre. Le decía que seguramente su hijo moriría - que era lo mejor que podía pasar, en realidad -, pues el fuego había destruido la parte inferior de su cuerpo. 

Pero el valiente niño no quería morir. Decidió que sobreviviría. De alguna manera, para gran sorpresa del médico, sobrevivió. Una vez superado el peligro de muerte, volvió a oír a su madre y al médico hablando despacito. Dado que el fuego había dañado en gran manera las extremidades inferiores de su cuerpo, le decía el médico a la madre, habría sido mucho mejor que muriera, ya que estaba condenado a ser inválido toda la vida, sin la posibilidad de usar sus piernas. 

Una vez más el valiente niño tomó una decisión. No sería un inválido; ¡caminaría! Pero desgraciadamente, de la cintura para abajo, no tenía capacidad motriz. Sus delgadas piernas colgaban sin vida. 

Finalmente, le dieron de alta. Todos los días, su madre le masajeaba las piernas, pero no había sensación, ni control, nada. No obstante, su determinación de caminar era más fuerte que nunca. 

Cuando no estaba en la cama, estaba confinado a una silla de ruedas. Una mañana soleada, la madre lo llevó al patio para que tomara aire fresco. Ese día en lugar de quedarse sentado, se tiró de la silla. Se impulsó sobre el césped arrastrando las piernas. 

Llegó hasta el cerco de postes blancos que rodeaba el jardín de su casa. Con gran esfuerzo, se subió al cerco. Allí, poste por poste, empezó a avanzar por el cerco, decidido a caminar. Empezó a hacer lo mismo todos los días hasta que hizo una pequeña huella junto al cerco. Nada quería más que darle vida a esas dos piernas. 

Por fin, gracias a los fervientes masajes diarios de su madre, su persistencia férrea y su resuelta determinación, desarrolló la capacidad, primero de pararse, luego caminar tambaleándose y finalmente caminar solo y después correr. 

Empezó a ir caminando al colegio, después corriendo, por el simple placer de correr. Más adelante, en la universidad, formó parte del equipo de carrera sobre pista. 
Y aun después, en el Madison Square Garden, este joven que no tenía esperanzas de que sobreviviera, que nunca caminaría, que nunca tendría la posibilidad de correr, este joven determinado, el Dr. Glenn Cunningham, ¡corrió el kilómetro más veloz del mundo! 
¿Qué dice Gabriel García 
Márquez sobre el arte de contar historias?

"Modestamente, me considero el hombre más libre del mundo -en la medida en que no estoy atado a nada ni tengo compromisos con nadie- y eso se lo debo a haber hecho durante toda la vida única y exclusivamente lo que he querido, que es contar historias. Voy a visitar a unos amigos y seguramente les cuento una historia; vuelvo a casa y cuento otra, tal vez la de los amigos que oyeron la historia anterior; me meto en la ducha y, mientras me enjabono, me cuento a mí mismo una idea que venía dándome vueltas en la cabeza desde hacía varios días... Es decir, padezco de la bendita manía de contar. Y me pregunto: esa manía, ¿se puede trasmitir? ¿Las obsesiones se enseñan? Lo que sí puede hacer uno es compartir experiencias, mostrar problemas, hablar de las soluciones que encontró y de las decisiones que tuvo que tomar, por qué hizo esto y no aquello, por qué eliminó de la historia una determinada situación o incluyó un nuevo personaje... ¿No es eso lo que hacen también los escritores cuando leen a otros escritores? Los novelistas no leemos novelas sino para saber cómo están escritas. Uno las voltea, las desatornilla, pone las piezas en orden, aísla un párrafo, lo estudia, y llega un momento en que puede decir: “Ah, sí, lo que hizo éste fue colocar al personaje aquí y trasladar esa situación para allá, porque necesitaba que más allá...” En otras palabras, uno abre bien los ojos, no se deja hipnotizar, trata de descubrir los trucos del mago. La técnica, el oficio, los trucos son cosas que se pueden enseñar y de las que un estudiante puede sacar buen provecho. Y eso es todo lo que quiero que hagamos en el taller: intercambiar experiencias, jugar a inventar historias, y en el ínterin ir elaborando las reglas del juego"

"Pedí a los cielos una oportunidad, de hecho, la tuve frente a mis ojos. La desaproveché, y eso lo entendí unas horas después" Zarah Von Lee.

Zarah, junto con sus compañeras de clase, permanecía sentada al frente del Laboratorio de Química, mientras esperaba pacientemente la llegada de la profesora. Se acordó que había gastado de más en el recreo, por lo que debía tener incompleto el dinero para el bus.
-¡ Ah, tengo tres monedas de $500! Bueno, al menos podré irme a casa y comprar un a barra de chocolate con lo que sobre- Pensó Zarah, mientras revisaba en su bolsillo con la esperanza de encontrar más.

Una niña, que por su estatura parecía estar en Primaria, se acercaba lentamente hacia el grupo. Miró a todas y,  sin importarle los obstáculos, saltó sobre las estudiantes y llegó hasta Zarah.
-Nena, ¿Será que me puedes regalar $500? Tengo hambre.
Zarah pensó dos segundos exactos para responderle:
-Eh... No, nenita. Sólo tengo el dinero de mi pasaje. De lo contrario, te regalaría más de lo que me pides.

Sí, Zarah sabía que podía ayudar a la niña. Y también reconoció que, aunque tuviese más dinero, habría dado la misma respuesta.
Cuando salió de la escuela para tomar el bus y comprar el chocolate, se asustó de una manera casi palpable; no porque descubrió que había perdido el dinero, sino porque entendió en su corazón que ese día tuvo la oportunidad de ayudar a alguien, y no lo hizo.

El arte de escribir Historias cortas.


Para escribir una buena historia corta no se necesitan 500 palabras, sólo un argumento interesante y un uso reducido de lengua y gramática para su expresión.
Las experiencias en este sentido siempre son positivas ya que los alumnos sienten que han logrado ‘algo’, su propia historia corta, que en muchos casos son muy buenas, se utiliza en distintas etapas de producción. Es importante no olvidarse de la etapa de reflexión sobre el mensaje de las historias, sin la cual la actividad no estaría completa.
Si quieres escribir una buena historia corta basta una página, no hace falta que la extensión de las palabras sea mucho mayor, sino que lo que importa es la calidad del argumento que no necesite por sus características intrínsecas de una extensión mayor.

Para escribir una buena historia...

http://es.wikihow.com/escribir-una-cuento-corto

...La verdad es que...

Mientras escribir una novela es una tarea titánica, casi cualquiera puede escribir un cuento corto. Eso no quiere decir que los cuentos sean fáciles de escribir, sin embargo, no son tan artísticos y complicados como las novelas. Con la práctica, paciencia y pasión por la escritura, puedes escribir buenos cuentos.